Pocas esferas del pensamiento bíblico han sido hasta hace muy poco tan resueltamente ignoradas por las ramas principales de la teología protestante como la que provee el tema de este librito. Porque en una edad en la que ya no se cree en el coco o en Santaclós, hay algo embarazoso en la forma en que la Biblia—y especialmente el apóstol Pablo—habla de las “Potestades,” esto es, de cierto tipo de seres más allá de lo terreno e indefinibles, no solo como si existieran, sino como si importaran y estuvieran de alguna manera involucrados en la obra de Cristo.
No sabiendo qué hacer con todo el problema, fue simplemente más fácil hacerlo a un lado como obsoleto. Entonces uno estaba libre para desarrollar una filosofía de la historia, una perspectiva del estado, y una teología de la cultura de acuerdo a los gustos e inclinaciones propias, sin ser obstaculizada por la irrelevancia de lo que parecía metafísica rabínica o angeología apocalíptica. Ya que lo que la Biblia parecía estar diciendo tenía la apariencia de irrelevante, esta libertad de la forma del pensamiento paulino pareció proporcionar grandes avances. Pero de alguna forma a través de los años, el esperado crecimiento en claridad de una perspectiva actualizada, pero todavía cristiana acerca del mundo, capaz de entender al estado y las estructuras de la cultura, teniendo cuidado de sobreestimarlas, no ha sucedido. Siendo demasiado modernos para pensar con Pablo, no estamos seguros siquiera de en qué pensar.
El profesor H. Berkhof ha tenido la audacia—o la fe sencilla—de comenzar con la asunción opuesta. Suponiendo que Pablo, después de todo un hombre decentemente educado para su tiempo, pueda tener algo qué decir y que pueda también, en su propio lenguaje, estarlo diciendo con cuidado; suponiendo que como un apóstol puede que realmente sepa de lo que está hablando; suponiendo todavía que la tarea del estudio cristiano es escudriñar las fuentes bíblicas antes y no después de haber hecho una decisión acerca de su relevancia—pudiera entonces ser que al leer lo que Pablo dice sin estar asumiendo de antemano que él está pensando en fantasmas y hadas madrinas, pudiésemos aprender algo útil.
Y entonces, teniendo cuidado hasta el punto donde parece estar avanzando lenta y pesadamente, tanto así que el lector muy apenas se da cuenta de la originalidad de percepción que la que se está beneficiando, Berkhof reconstruye, una piedra a la vez, el ala faltante en el edificio del pensamiento de Pablo hasta que reconocemos, anonadados, que es habitable y resistente a la intemperie. Pocas esferas de pensamiento son tan apropiadas para servir como demostraciones de la posibilidad, aun—¡especialmente!—para el hombre moderno, de aprender a dominar la lógica interna y la coherencia de un mundo de pensamiento que no es el propio.
Gracias a las labores de una generación de teólogos bíblicos, lo que el profesor Berkhof dice en éste librito no es tan nuevo hoy como lo fue cuando el original en holandés apareció en 1953. Aun cuando una conciencia renovada de la significancia de las “Potestades” se está convirtiendo rápidamente en propiedad común entre los teólogos técnicos, ninguna publicación en inglés (¡y quizás en español!) se había embarcado en la empresa de compartir los nuevos descubrimientos más extendidamente entre cristianos de pensamiento ordinario.
Por diez años director del Theological Seminary of the Netherlands Reformed Church en Driebergen, el Dr. Berkhof se convirtió en profesor de Teología Bíblica y Dogmática en la Universidad de Leiden en 1960. Un texto estándar en la Historia de la Iglesia (1942), La Iglesia y el César (1946), un estudio de las relaciones iglesia-estado durante la era de Constantino, y Cristo y el Significado de la Historia (1958) son quizás sus publicaciones más importantes.
Fue elegido tres veces como miembro del Comité Central del Concilio Mundial de Iglesias (1954-1975). Desde 1974 es miembro del Concilio de Iglesias en Holanda. Cristo y las Potestades fue el primero de sus escritos en ser traducido al inglés.
John H. Yoder