Cristo y las Potestades

Prefacio del Autor a la Segunda Edición

Ahora que una nueva edición de la versión en inglés está a punto de terminarse, veinticuatro años después de la aparición del original en holandés y quince años después de la algo expandida primera versión traducida al inglés, parece apropiado revisar algo de la historia caprichosa de este libro.

Surgió de una exposición que presenté cerca de 1950 durante una conferencia teológica en Alemania.  Quienquiera que sepa algo de la situación de la Alemania dividida y devastada durante los primeros años de la Guerra Fría puede escuchar un eco de ello en el libro.  Quienes escucharon insistieron en que se publicara la lección. Pero tuve que posponer el retrabajo y expansión necesarios debido a otros deberes, con el resultado de que el texto no pudo ser publicado en holandés hasta 1953.  El editor entonces lo ofreció para ser traducido a varias casas de imprenta alemanas.  No hubo interés alguno.  Yo explico esto como resultado de los grandes cambios que habían tomado lugar en la Alemania Occidental en tres años.  La tensión había disminuido significativamente y el nivel de vida aumentaba diariamente.

Un poco de tiempo después, la señorita Charlotte Von Kirschbaum, la secretaria de Karl Barth reportó que estaba entusiasmada acerca del libro y que lo había traducido al alemán para publicarlo en las series Theologische Studien, las cuales Barth había editado.  No mucho después ella tuvo que escribirme comunicándome que muy a su pesar, Barth tenía razones para no dejar que éste texto apareciera en sus series.  Cuando en el verano de 1955 estaba yo hablando con Barth acerca de otras cosas, él mismo comenzó a disculparse largamente por su negativa.  Él sentía que yo estaba “mitologizando” demasiado a las Potestades, y que él no podría aprobar una publicación tal en el momento en que su propia teología estaba bajo el fuego cruzado de Bultmann y sus discípulos.

Justo unos pocos años después, el Dr. Yoder descubrió el libro.  Le debo a él la primera traducción al inglés de cualquiera de mis escritos.  Deseo expresar aquí mi más profunda gratitud por su iniciativa y su traducción, tanto a él como a Herald Press por haber tenido la audacia de llevar al mercado americano un libro escrito por un autor desconocido.  También estoy feliz de que hubieran estado interesados en una segunda edición.

Cuando unos pocos años hubieron pasado yo estaba completamente convencido de que el libro ya no tenía significancia contemporánea alguna.  Pero entonces descubrí que una traducción al japonés (del inglés) había sido preparada, el trabajo del pastor Haruyoshi Fujimoto, quien había estudiado en Estados Unidos.  Durante ese tiempo (1969) Japón estaba en medio de sus grandes revueltas estudiantiles, lo cual levantó muchas preguntas acerca de la dirección de su cultura.  Si recuerdo apropiadamente, un profesor Takenaka había iniciado la traducción.

Ahora, nueve años después, en 1977, tres cosas llaman mi atención.  Me he enterado de que el libro está siendo traducido del holandés al indonesio.  La atención de unos pocos teólogos en Indonesia fue atraída al libro como consecuencia de la batalla que las iglesias de Indonesia estaban librando contra la supremacía de las costumbres tradicionales, y secundariamente a causa de la responsabilidad que pesaba sobre ellos acerca de la dirección en que la rápidamente creciente economía de su país debía tomar.  El segundo reporte fue el del Dr. Yoder quien anunció una posible reimpresión en inglés, puesto que el libro que al principio se había vendido muy lentamente, durante los años siguientes se ha citado y vendido cada vez más.

La tercera observación fue la publicación de las últimas lecciones de Karl Barth, tratando con la ética cristiana, originalmente pensadas como ladrillos para construir el edificio de su Church Dogmatics IV, La Vida Cristiana (Das Christliche Leben, Zürich 1976).  En ese texto aparece una exposición parcial del Padre Nuestro.  En la segunda petición, “venga tu reino,” Barth provee una explicación extensiva concerniente a las “fuerzas”, las cuales él llama “Las Potestades Rebeldes.”  La forma en la que Barth trató este material me vino como una gran sorpresa.  Naturalmente su tratamiento va inmensurablemente más allá de lo que yo ofrezco en éste libro, pero va en la misma dirección.  Y estoy de acuerdo con éste tratamiento a profundidad.  Noté con particular interés que cuando Barth dio éstas clases (1961) él claramente ya no estaba preocupado acerca de la “mitologización” de la cual me había acusado tan fácilmente.  Al contrario, él ahora estaba combatiendo el espíritu moderno cuya perspectiva cósmica racional-científica no tiene vista disponible para el poder de las Potestades.  Él testifica entonces que, “uno hoy en día realmente solo puede hablar de ellos con una consciente mitologización” (p.367).

¿Por qué traigo a memoria todo esto?  Porque me parece que muestra cuánto la capacidad de reconocer estos patrones de pensamiento del apóstol Pablo tiene que ver con la forma en la que el lector experimenta y entiende su propia cultura.  Hay muchos tiempos y regiones donde estos textos siguen siendo un libro sellado.  Y entonces ciertas condiciones se dan repentinamente que pueden hacer demostrar que estas palabras tienen poder para develar y liberar.

Ahora que el libro está saliendo nuevamente en inglés, tuve que considerar hasta qué punto deberían de hacerse cambios a la segunda edición.  Habría mucho que favorecería la decisión de reescribir el libro entero después de un cuarto de siglo.  La situación mundial es muy, muy diferente; también lo son los métodos teológicos.  Ya no me sería posible pintar con pincelazos tan anchos como lo hice entonces.  Tanto en aspectos sociológicos como hermenéuticos las cosas tendrían que tener un matiz diferente y ser refinadas en su formulación.  De la misma forma, la oposición entre la iglesia y el mundo es mucho más complicada de lo que describo aquí.  Tendría que ser mucho más preciso acerca de las Potestades dentro de la iglesia.  El concepto de “cristianización” en el capítulo 6, el cual ya desde entonces yo había limitado y modificado considerablemente, probablemente no pueda ser usado más.  También debiera de decir más acerca de ideologías.  El gran peligro tan solo está comenzando a hacerse patente de que su función para conservar e inspirar las relaciones humanas puede ser subestimada.  Y hay todavía más cosas qué mencionar.

No obstante, he dejado el texto sin cambios.  Subjetivamente, lo he dejado así porque es extremadamente difícil para un escritor reescribir su propio trabajo.  Objetivamente, porque la diferencia espiritual y práctica sería muy poca como para justificar el esfuerzo de reescribirlo.  Porque el “mensaje” del libro sigue siendo mío.  Ha seguido nutriendo mi forma de pensar en los años subsiguientes.  Quien así lo desee puede leer cómo estos pensamientos fueron insertados posteriormente en un contexto más amplio en mi Christ the Meaning of History (SCM, London, and John Knox, Richmond, Virginia, 1966).  Para mí, este libro, tal y como lo escribí en 1952 y como es ahora que se está reimprimiendo, conserva todavía algo de la frescura del “gozo del descubrimiento.”  Espero que algo de ese sentir pueda ser verdadero para aquellos que lo estén leyendo por primera vez.

Lo que sea que los nuevos lectores encuentren en el libro, espero que les ayude a entender mejor al gran apóstol Pablo y a experimentar que las Sagradas Escrituras tienen una palabra para cada tiempo.

Hendrik Berkhof

Oegstgeest, Holanda

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